Hoy quiero contaros una leyenda y también presentaros al árbol que lo protagoniza, el Drago Canario, que es autóctono de la Macaronesia y endémico de las islas.
Según cuenta la leyenda hace muchísimos años, arribó a las costas de Tenerife un ambicioso mercader en busca de la codiciada “Sangre de Drago” muy usada en la farmacopea en esa época. Desembarco en la indómita playa de San Marcos, en Icod de los Vinos y quedo maravillado al ver a tres muchachas aborígenes bañándose en el mar y jugando en la arena.
El mercader pensó en apoderarse de ellas, pues eran muy bellas, y llevarlas a su país. Las persiguió pero solo alcanzo a una y, mientras se regodeaba en la facilidad de su captura, no vio los vivos ojos llenos de inteligencia y astucia de la chica.
Entonces la muchacha le ofreció, en muestra de amistad y admiración, frutas propias de la tierra para saciar su hambre. Al mercader le asaltó en pensamiento de que bien podían ser aquellas las famosas frutas del jardín de las Hespérides y se puso a comer las frutas con deleite y concentración.
La muchacha, aprovechando la distracción del mercader, corrió hacia un pequeño barranco cercano y con la agilidad propia de quien vive en un terreno cambiante y montañoso salto el barranco y se escondió entre los árboles. El mercader sorprendido corrió tras ella y cuando estaba a punto de alcanzarla se interpuso en su camino un extraño árbol cuyo tronco parecía el cuerpo de una serpiente y sus ramas afiladas espadas. Le lanzó una pequeña arma punzante que llevaba y se clavó en el tronco, de donde comenzó a manar sangre. El mercader anonadado corrió hacia su embarcación y puso rumbo a su país sin poder evitar la idea de que había llegado al jardín de las Hespérides y el dragón que las custodiaba había salido en su defensa.
El drago es un árbol endémico cuya savia se torna roja como la sangre al contacto con el aire, es una especie de lento crecimiento, puede tardar diez años en crecer un metro, y se caracteriza por su tallo único, liso en la juventud y que se torna rugoso con la edad. El más conocido y simbólico es el drago milenario de Icod de los Vinos, en Tenerife.
También les pongo esta “leyenda” que “explica” el origen del Drago.
En la mitología griega, Ladón es un gigantesco dragón de 100 cabezas que custodiaba el Jardín de las Hespérides, un conjunto de islas paradisíacas que los autores de la antigüedad situaron en Canarias. Cuando Ladón, que los antiguos griegos “descubrieron” en el Teide, murió a manos de Atlas, su sangre corrió por la tierra y germinó en forma de dragos, árboles endémicos de Canarias que hoy son uno de los símbolos de la Isla. La sabia del drago, de un rojo intenso, y la forma retorcida de sus ramas, semejantes a un conjunto de cabezas sujetas a un grueso tronco, dieron lugar a que los autores clásicos vieran en cada drago un descendiente directo de aquel extraordinario dragón. Capaces de vivir durante cientos de años, los dragos eran objeto de veneración por parte de los antiguos habitantes de Tenerife, los guanches. El más famoso y longevo ejemplar de esta especie vegetal es el conocido como de Icod de los Vinos, al norte de Tenerife, que se ha convertido en una atracción turística de primer orden.
Pondré otra entrada sobre el jardín de las Hespérides. Espero les haya gustado la entrada y las historias.
Un saludo y gracias.



